Regina siguió acostada en su cama. Se sentía triste por varios motivos, así que lo último que le apetecía era enfrentarse al mundo, pero esto aparentemente no sería posible. Su teléfono vibró en la mesita de noche por un mensaje de texto.
“Buenos días, mi amor. Espero que hayas dormido bien. Estoy pensando en ti. Nos vemos pronto.”
Sintió culpa, mucha culpa. Ismael no se merecía lo que le estaba haciendo. Era tan bueno, tan incondicional.
Rápidamente, recordó la promesa que le había hecho a Ni