Regina se metió en el primer baño que encontró disponible, cerró la puerta de golpe y se apoyó contra la misma, deslizando su cuerpo hasta caer sentada en el suelo.
—¡Estúpida! ¡Estúpida! —se reprendió a sí misma, con las lágrimas brotando de sus ojos, aunque intentaba contenerlas, pero era inútil.
Los puños de sus manos apretaron contra sus muslos y la frustración que sentía por su estúpido actuar le envenenó el alma, al parecer no había aprendido nada.
—¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste ser tan c