—Lo siento... De verdad no fue mi intención —murmuró Evelyn mientras masajeaba con esmero la cintura dolorida de Damian, consecuencia de lo que ella misma había provocado.
Evelyn estaba poniendo todo de su parte para apaciguar al hombre como mejor sabía hacerlo. Fuera como fuese, ¡Damian no podía enfadarse ni echarla de allí! En ese momento, el apartamento de Damian era el único escondite verdaderamente seguro que existía para ella. Si Wilson, Victoria o Christian llegaban a encontrarla, Evelyn