—¿Ropa? —Damian arqueó una ceja.
—Sí. Ahora mismo no tengo ni una muda para cambiarme.
Evelyn sonrió con cierta timidez mientras levantaba cuatro dedos.
—Me da igual el color que elijas. Lo importante es que pueda ponérmela, lavarla y tener ropa de repuesto. Como mínimo, cuatro conjuntos.
Damian guardó silencio.
Recordó la ropa que Evelyn solía llevar en la universidad: prendas anticuadas y de colores estridentes que llamaban demasiado la atención. De hecho, podía reconocer su espalda a cien me