Por fin llegó el momento que tanto esperaba.
El timbre de la puerta principal del apartamento sonó con fuerza, rompiendo la incómoda tensión que se había instalado entre ambos.
Evelyn se incorporó de inmediato. Su rostro se iluminó de alegría al escuchar el timbre.
—¡Damian, abre la puerta, rápido! ¡Seguro que es la gente de la boutique! —exclamó con impaciencia.
Damian no se movió. Permaneció inmóvil, mirándola con absoluta incredulidad.
—¿Has olvidado quién soy, Evelyn?
Ella frunció ligeramen