Evelyn abrazó el montón de ropa nueva, aún impregnada de un agradable aroma, y entró en la habitación. Sin embargo, sus pasos se detuvieron de golpe en medio del cuarto. Miró a su alrededor, confundida, sin saber dónde colocar toda aquella ropa, las cajas de zapatos y los lujosos bolsos.
Desde un rincón, Damian comenzó a observar discretamente cada uno de sus movimientos. Lo hizo de la manera que mejor dominaba: a escondidas. Fingía concentrarse en la pantalla de su teléfono, pero sus penetrant