La grava crujía bajo las ruedas del coche de Tasha al entrar en el camino de acceso. Kimberly había recorrido ese camino más veces de las que podía recordar. Primero como una niña tranquila en el asiento trasero, luego al volante, siempre regresando a una casa que nunca dejaba de guardar secretos.
La casita blanca con revestimiento de madera, persianas azules y alegres jardineras parecía inofensiva, pero ella sabía que no era así. Detrás de esas cortinas de encaje, los susurros habían vivido m