Diente de león: Primera parte.
El tiempo empezó a correr, y con él, la vida en la casa se transformó de manera inevitable, dejando atrás el eco de la soledad que antes la habitaba. Sin embargo, este cambio no trajo consigo la paz que tanto anhelaban. Cada mañana, los primeros rayos de sol se filtraban a través de las ventanas, iluminando los rincones de la casa que antes habían estado sumidos en la penumbra. La luz danzaba sobre los suelos de madera, jugando con las sombras, pero en lugar de traer alegría, sólo acentuaba el