CAPÍTULO 26 — Amelia Giménez
La pantalla del hotel no estaba pensada para eso.
Era grande, sí. Nítida. Perfecta para un evento de moda, para ver telas caer como agua, cuerpos que desfilaban pidiendo permiso a la elegancia.
No para una propuesta de matrimonio.
Amelia estaba en Brasil por su trabajo. Siempre viajaba por trabajo, moviéndose por el mundo entre eventos importantes, contratos nuevos, escalones que la llevaban cada vez más arriba en una carrera que había construido con disciplina,