CAPÍTULO 182 Lo que nunca pudo explicar
Franco Morán salió del atelier todavía con la imagen de Renata clavada en la cabeza.
La forma en que lo había mirado.
La desconfianza.
El cansancio.
Y peor todavía…
la manera en que Lissandro Monteiro lo observó después.
Como si automáticamente hubiera decidido que él no servía para nada.
Y quizás lo merecía.
Porque durante años Franco había sido exactamente eso.
Un desastre hermoso.
Un músico incapaz de quedarse quieto.
Un hombre acostumbrado