CAPÍTULO 165 Lo que todavía no sabíamos
Las luces blancas, el olor a desinfectante.
Las puertas abriéndose y cerrándose y ese pasillo que llevaba a la habitación donde la estaban atendiendo a ella.
Todo le estaba revolviendo el estómago a Lissandro de una forma insoportable.
Pero lo peor era el silencio.
Ese silencio horrible que quedaba cada vez que nadie le decía nada de Ofelia.
Claudio había entrado con ella apenas llegaron y no había salido. Pasaba el tiempo y ningún médico aparecía.