CAPÍTULO 13 El contrato firmado
El restaurante quedaba a dos cuadras del registro civil.
Discreto. Elegante sin ostentación. De esos lugares pensados para acuerdos que no necesitaban testigos.
—Reservado —anunció el mozo—. Como pidió.
Ofelia observó el lugar con una curiosidad apagada. Tenía los hombros tensos, la mandíbula apretada. Aún cargaba el peso de los últimos días: Luis, Natalia, las miradas incómodas, las preguntas disfrazadas de preocupación. Había vuelto a exponerse cuando no