CAPÍTULO 14 Preparativos
Lissandro se había instalado en el papel de prometido con una naturalidad desconcertante.
No pidió permiso ni hizo preguntas innecesarias. Simplemente ocupó el lugar como si siempre hubiera sido suyo.
Una mañana, antes de que el atelier abriera por completo, un ramo de flores esperaba en la puerta. Siempre distinto, siempre en tonos rojos, siempre con una tarjeta breve.
No eran un gesto ostentoso . Eran constantes. Y eso, para Ofelia, resultaba mucho más inquieta