Lissandro cerró la puerta del estudio y apoyó la frente contra la madera durante unos segundos.
No tenía miedo.
Nunca lo había sentido.
Pero esta vez sabía que podía equivocarse.
Y no por casarse con Ofelia, sino por lo que ella significaba.
Ofelia Bentancur no era una mujer cualquiera. Era la dueña de OBENT Atelier, una marca reconocida, sólida y respetada. Su empresa trabajaba con la de él desde hacía tiempo y, aun así, ella había logrado ocultar su verdadero estatus durante meses. I