CAPÍTULO — La mañana de Ofelia
Aquella mañana, después de que Lissandro salió del apartamento con apuro, Ofelia notó que él no parecía estar bien.
Se quedó unos segundos quieta en medio del dormitorio.
El silencio del lugar se sentía extraño.
Desde la noche anterior algo no encajaba.
No era exactamente desconfianza. Tampoco enojo.
Era otra cosa.
Una sensación incómoda que se le había instalado en el estómago y no terminaba de desaparecer.
No veía al Lissandro de siempre.
Durant