CAPÍTULO — Después De La Caída
Los sacaron bajo las luces.
No a empujones, pero tampoco con suavidad.
La seguridad caminaba a los lados como si custodiaran un delito, y el murmullo del salón elegante se transformó en un cuchicheo venenoso que los siguió hasta las puertas del hotel.
Los Fernández, los intocables de hace una semana, ahora eran espectáculos. Al día siguiente, sin duda, sus nombres correrían por revistas, redes y titulares.
Beatriz caminaba rígida.
Eduardo, pálido.
Natalia, furiosa