CAPÍTULO 22 – Mensajes Que Importan Demasiado
Ofelia miró el reloj por tercera vez en menos de diez minutos. Había algo fuera de lugar en su oficina.
No era ansiedad —se dijo—. Era la costumbre.
Desde hacía días, las flores de Lissandro llegaban siempre antes de la apertura del atelier y la hacían detenerse un segundo más de lo necesario antes de colocarlas en agua. Nunca eran iguales. Siempre traían una tarjeta breve, escrita con una letra firme, sin adornos. Y, sin saber bien cuándo habí