CAPÍTULO 23
La invitación que llegó tarde
La habitación olía a alcohol derramado.
Luis estaba sentado en la cama, con la corbata floja, la camisa abierta. La botella vacía colgaba de su mano como un resto inútil.
Natalia lo observaba desde el sillón, con las piernas cruzadas, el vestido todavía puesto, como si la noche no hubiera empezado para ella. No podía desabrocharse los botones sola.
—Tomá —le dijo a él, acercándose con la copa—. Terminala.
Luis la bebió sin mirarla. Tenía los