En cuanto Adeline terminó de leer la última línea, sus lágrimas estallaron sin control.
—Jason… —susurró, con la voz rota. Se impulsó para levantarse de la cama, tambaleándose sobre sus piernas débiles, y salió corriendo de la habitación.
Afuera, el abuelo Tom, Isabella y Maximilian estaban conversando. Todos se quedaron paralizados al verla.
—Adeline, cariño, ¿qué haces aquí? Todavía no estás recuperada. Vuelve adentro a descansar —dijo Isabella con urgencia, intentando sujetarle el brazo. Per