8. Nuestra habitación
Tarah tragó saliva sintiendo que su corazón latía cada vez más rápido ante la intimidante presencia de su esposo.
—¿Q-qué haces aquí? —preguntó con un hilo de voz sin apartar su mirada de Dimitry.
El hombre la recorría como si estuviera estudiando cada parte de su cuerpo.
Arqueó una ceja casi divertido por el tono que ella había utilizado y dio un paso más cerca de la cama. Enseguida Satarah contuvo el aliento.
Su cuerpo brillaba con las gotas de agua que se deslizaban por su piel maciza.
—¿Qu