59. Con otra mujer
Vasilisa no se calló en ningún momento del trayecto, más aún cuando vio una pista pequeña y un jet privado ya con los motores encendidos.
Los hombres la sacaron casi a rastras.
Vasya luchó con todo lo que tenía pero no sirvió de nada, la subieron al avión entre forcejeos, sujetándola con firmeza pero sin lastimarla.
—¡No! ¡Suéltenme!—su voz se quebró en un sollozo desgarrador.
El miedo, la culpa y el amor traicionero la ahogaban.
El avión despegó y el cansancio, el estrés y las náuseas la venc