58. El peor dolor, el del abandono
El mismo hombre que la había secuestrado, que la había convertido en su esposa sin su consentimiento, que la había protegido con su cuerpo bajo las balas ahora parecía estarle suplicando con la miraba como si ella fuera lo único que importaba en el mundo.
El amor traicionero que intentaba enterrar subió como una ola, mezclándose con la culpa, el instinto de proteger al bebé que crecía en su vientre.
Por un segundo, quiso correr hacia él, tocarlo, decirle que a pesar de todo, ella aún... lo ama