54. No soporto estar aquí
Dimitry apretó el cuello de Valerik cortándole la respiración pero el hombre no parecía nada sorprendido por el ataque.
—¿Por qué Satarah sabía que no te gustan las fiestas? —gruñó furioso golpeando su cabeza contra la pared de la oficina de Valerik.
Él se ahogó en medio de una risa divertida y Dimitry se enfureció aún más al ver la sorna en la expresión de su amigo.
—¿Qué es malditamente divertido, Valerik?
—Tú, celoso.
Dimitry sacó su arma y la apuntó en su sien mientras que cortaba más aún su