121. Vamos a ser felices
Él dio un paso dentro de la habitación y cerrando la puerta tras de sí, sin apartar sus ojos de Vasya, lo que la hizo retroceder instintivamente.
—Idris... ¿Qué haces aquí? —preguntó con la voz temblorosa pero intentando mantener la calma—. Esta es una fiesta privada. Debes irte.
Era demasiada casualidad que él estuviera allí, nunca se sabía contactado con él desde que se despidieron en Jordania.
Sí había recibido sus mensajes pero ni siquiera había tenido tiempo de responderlos, todo su tiempo