11. No debí venir
—Eso no quiere decir que puedas tratarme como se te da la gana, ¿Acaso te volviste loco?
Ella se apartó de él aunque no podía dejar de sentirse intimidada por Dimitry.
Su mirada fija no se había apartado ni siquiera por un minuto de ella así que Satarah alzó su barbilla retadoramente cruzándose de brazos.
—¿A dónde fuiste?
Esta vez él formuló la pregunta suavemente pero Satarah se sintió aún más nerviosa. Porque su tranquilidad solo llamaba al peligro.
Soltó el aire que no sabía que estaba rete