107. El tiempo de espera, se acabó
Sin perder ni un segundo más, Zinoviy, bajó la cabeza entre sus piernas abiertas y reemplazó sus dedos con la boca.
Su lengua caliente y firme recorrió su humedad de abajo hacia arriba en una larga lamida, deteniéndose en su clítoris hinchado para chuparlo con lenta deliberación. Vasilisa soltó un gemido más fuerte y una mano suya voló al cabello oscuro del mafioso para aferrarse con fuerza.
—Zinoviy… —gimió su nombre de manera ahogada.
Él no respondió, hundió más su lengua, lamiéndola con hambr