Punto de vista de Adrián
Había pasado una hora desde que Bernardo salió de mi oficina, pero yo seguía mirando fijamente las pruebas desplegadas ante mí. Los documentos parecían burlarse de mi estupidez, cada detalle era un amargo recordatorio de hasta dónde había permitido que mis dudas y mi ego me llevaran.
Una ola de culpa me golpeó con fuerza, quitándome el aire de los pulmones mientras pensaba en todas las cosas terribles que le había hecho a ella.
¿Qué le he hecho?
Castigué a Sofia por cosas que nunca hizo.
Ella me había suplicado, había insistido en su inocencia una y otra vez, pero no la había escuchado. Había estado cegado por los celos y mis inseguridades. En lugar de protegerla, yo había sido quien le causó el mayor dolor.
Mi pecho se tensó al recordar cómo había ignorado sus lágrimas, desestimado sus desesperados gritos pidiendo comprensión y, lo peor de todo, me había impuesto en su vida de maneras imperdonables. Apreté los puños, el recuerdo de mi crueldad hacía que mi pie