Punto de vista de Adrián
"Ella sigue siendo mi esposa. No de él. Tengo derecho sobre ella."
Este pensamiento me carcomía, implacable y salvaje. Detrás de esa puerta cerrada, cualquier cosa podría estar sucediendo. La imagen de Sofía eligiendo voluntariamente a él, dejándolo entrar en los espacios que una vez fueron míos, hacía que mi sangre hirviera. Mis puños se cerraron a mis costados mientras los celos se retorcían con fuerza, formando un nudo oscuro y amargo en el pecho.
Pero me recordé a mí mismo la fría e ineludible verdad: ella ya no era mi asunto. Había firmado los papeles del divorcio. Muy pronto, en cuestión de meses, sería libre para construir una vida con Valentina y nuestro hijo.
Me repetí este hecho en la cabeza como un mantra desesperado, tratando de amortiguar el dolor que carcomía mi orgullo. Las decisiones de Sofía ya no deberían importarme. No lo harían.
Tomando un respiro para calmarme, enderecé mi ropa y forcé mis emociones a volver a su jaula. Con cada gramo de fu