Capítulo 32
Punto de vista de Adrián

Regresé al coche, con la imagen de Sofía sentada en el sofá, tan vulnerable y a la vez tan desafiante, todavía fresca en mi mente. Esperé, mis dedos tamborileando impacientes sobre el volante. Después de unos cinco minutos, ella salió de la casa, con el hombre rubio, Decano Herrera, siguiéndola. Se quedaron en la entrada, su conversación inaudible desde mi posición. Sofía se despidió con la mano, un gesto pequeño, casi vacilante. Pero entonces, el rubio la atrajo hacia un abrazo prolongado, un abrazo que duró demasiado,y le besó la mejilla, susurrándole algo que la hizo sonrojarse. Una oleada de ira posesiva, ardiente e irracional, recorrió mi cuerpo. Apreté los puños, con los nudillos blancos, y golpeé el claxon, cuyo sonido agudo cortó el silencio.

Sofía se apartó del abrazo, sus ojos encontrándose con los míos a través de la distancia. Caminó hacia el coche, con una expresión indescifrable. Cuando entró, estaba a punto de desatar una avalancha de preguntas s
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