Punto de vista de Sofía
—Necesitas ser mi puta personal hasta que se complete el proyecto del resort.
Las palabras de Adrián resonaban en mi mente, un recordatorio constante y nauseabundo de su insensible exigencia. Habían pasado tres días desde que pronunció esas palabras viles, tres días de confinamiento forzado, tres días de rabia latente y desesperación creciente. Estaba atrapada, prisionera en mi propia jaula dorada. Él había instruido a su equipo de seguridad para asegurarse de que no abandonara la mansión y, para colmo de males, incluso había contratado a un guardaespaldas personal para vigilar cada uno de mis movimientos cuando él estaba ausente.
¿Cómo podía alguien ser tan descarado, tan repugnante?, pensé con amargura mientras caminaba por los confines de mi habitación. La humillación de aquella noche, la brutal violación de mi cuerpo y mi espíritu, era una herida que se negaba a sanar. Y ahora, esto. Este intento descarado de controlar cada aspecto de mi vida, de reducirme a