Capítulo 31
Punto de vista de Adrián

La mansión se alzaba ante mí, un crudo recordatorio de los acontecimientos de la noche anterior. Estacioné el coche y caminé hacia la imponente puerta principal, mis pasos resonando en el silencio. Dentro, la casa se sentía vacía, desprovista de la presencia de Sofía. Una ola de inquietud me invadió. Subí corriendo las escaleras hacia su habitación, con el corazón latiéndome en el pecho. Golpeé su puerta, llamándola por su nombre, pero no hubo respuesta. Un nudo de ansiedad se apretó en mi estómago. Empujé la puerta y entré.

La habitación estaba inquietantemente silenciosa, el aire cargado de tensión no expresada. La imagen que me recibió era perturbadora. Su vestido de la gala yacía tirado en el suelo, un montón arrugado de terciopelo. Su ropa interior, rasgada y destrozada, estaba esparcida cerca, recordatorios claros de mi ira, de mi violencia. Las sábanas de la cama estaban arrugadas y manchadas, una oscura mancha carmesí estropeando el blanco inmaculado. M
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