Cuando salió de la habitación de los traidores, Renato decidió no volver a la suya. Tuvo otra idea. Fue directo al bar del hotel. Necesitaba algo fuerte para intentar callar todo lo que había oído de la boca de Raquel.
Por más que fingiera indiferencia, dolía. Dolía el recuerdo de haber sido abandonado, cambiado e ignorado de forma tan fría, como si todo lo que habían vivido no hubiera significado nada.
Se sentó en la barra y pidió la bebida sin pensarlo dos veces. Se bebió el primer vaso de un