Cuando sintió los labios de Sara sobre los suyos, Renato no dudó. Por el contrario, la atrajo más cerca de su propio cuerpo, como si aquella idea hubiera sido la más inteligente que ella había tenido hasta entonces. Además de saber que su ex vería la escena, por fin podía silenciar el deseo que llevaba reprimiendo desde hacía horas.
Con un movimiento firme, profundizó el beso lo justo para dejar claro que no era una actuación. Era real. Y, del otro lado del salón, la reacción que esperaba no ta