En el consultorio, mientras escuchaba lo que el médico le explicaba a Sara, una idea empezó a formarse. Si ella podía deshacerse de esos anteojos ridículos, yo la ayudaría. Al fin y al cabo, sería para mi propio bien. Si necesitaba a una esposa a mi lado, tenía que ser, como mínimo, presentable, y esos anteojos solo estorbaban.
Vi la expresión confusa en su rostro cuando anuncié que el médico podía iniciar de inmediato los exámenes para la cirugía. Aún más cuando dejé claro que aquello no era u