Sara dejó escapar un suspiro tembloroso y sintió los ojos llenarse de lágrimas. Cuando él se dio cuenta, Renato se acercó aún más, dejando que la barrera invisible que los separaba se rompiera.
—No llores, por favor… —Pidió, casi en un susurro, completamente desarmado. —No quiero verte así.
Ella negó con la cabeza despacio.
—No es eso.
—Entonces, ¿qué es?
Sara guardó silencio por unos segundos. Necesitaba organizar el torbellino dentro de ella antes de ponerlo en palabras. Pero, en el fondo, la