Cuando salió de la habitación de Sara, Odete se dirigió a la cocina con la intención de preparar el desayuno para Renato. Pero, al entrar, se sorprendió al verlo ya de pie, apoyado en la encimera del fregadero.
—Buenos días, señor.
—Buenos días, Odete.
Ella lo observó por un instante.
—¿Logró descansar un poco?
Renato soltó un leve suspiro.
—No… —confesó—. Por eso decidí levantarme de una vez. Quedarme en esa cama, dando vueltas de un lado a otro, no me ayuda en nada.
Odete asintió, comprensiva