Ya era tarde en la noche cuando Alessandro llegó a casa. Apenas entró, se quitó el abrigo con calma y caminó por la sala con una sonrisa satisfecha en el rostro. La conversación con Renato todavía resonaba en su mente, y cuanto más pensaba en ello, más satisfecho se sentía.
Cien millones de dólares. La cantidad era tan absurda que incluso parecía irreal.
Pasó la mano por el cabello y soltó una pequeña risa, imaginando cuántas puertas abriría ese dinero. Nuevos negocios, viajes y una vida sin te