En aquel momento, Renato se sintió dividido entre la espada y la pared.
Por un lado, había un hijo suyo corriendo riesgo de vida. Por el otro… Sara, que también llevaba un hijo suyo y que, él sabía, necesitaba ser rescatada de las manos de Alessandro.
Su pecho se oprimió con fuerza, pero aquel no era el momento de perderse en sus propios conflictos.
—Claro, voy —dijo, volviendo a acompañar al médico.
Siguieron por el pasillo en silencio. El sonido de los pasos resonaba en el piso claro del hosp