Al ver que el ex patrón se había quedado pálido, mirando la pantalla del celular, Odete se acercó, preocupada, y preguntó al instante:
—¿Ocurrió algo, señor?
Él no respondió. Seguía paralizado, con los ojos fijos en la foto de Sara, con la mano sobre el vientre… al lado de Alessandro.
—No puede ser… —susurró.
—¿Qué pasó? —insistió Odete.
Entonces, él giró la pantalla del celular hacia ella. Odete vio la imagen y frunció el ceño.
—¿Quién es ese hombre?
La mandíbula de él se tensó.
—Ese es el hom