Al darse cuenta de que estaba siendo observada por las empleadas, que asistían a la escena con incredulidad, Constança abrió los ojos de par en par y miró a su hijo.
—¿Qué es lo que acabas de decir?
—¿Acaso te volviste sorda ahora? —replicó él.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? ¿Olvidaste que soy tu madre?
—No, no lo olvidé… pero no voy a ser indulgente solo por eso.
Constança apretó los labios, sintiendo hervir el orgullo.
—¿Cómo tienes el descaro de humillarme delante de las emplead