Me desperté como un reloj a las siete de la mañana para ir a clase. Enzo no estaba en la cama de la habitación de invitados y no había rastro de que estuvo allí salvo por lo hundida que estaba la almohada y que todavía sentía sus brazos rodearme.
No tenía nada allí así que arrastré los pies por todo el pasillo con mi ropa del día anterior entre los brazos. Enzo tampoco estaba en la habitación principal y no parecía haber pasado por allí. Solté mi ropa en el cesto del ropero que estaba casi vac