Hugh caminaba por los jardines, pensaba en las palabras de Milena, como si aún estuviera escuchándolas, resonaban en su interior
«—¿Por qué la quieres tanto, Hugh? ¿Algún día me lo dirás?»
Hugh pensó en eso, pensó en muchas cosas, quería olvidarlo todo, pero era imposible, sería inútil, no podía huir de sus macabros pensamientos, hasta que lo recordó por completo; una herida abierta, de las muchas que tenía en su interior:
«Hace tres años, Hugh había abandonado por primera vez la universidad,