Mundo ficciónIniciar sesiónAlfredo estaba sentado en la sala de espera, colgó la llamada, pero nada de lo que dijo lo hizo sentir feliz en lo absoluto, ni su fortuna, ni sus propiedades, ni su empresa podían curar la salud de su único hijo, cada día el moría un poco, y Alfredo no podía hacer nada.
«Ni la felicidad puedo comprarle, ¡¿Qué clase de padre soy?!» pensó
El doctor se acercó a él
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