—¿Saben? Así fue como conocí a mi Dania.
Tanto yo como Liam miramos al hombre mayor en la mesa. Él era el señor Mitz, dueño de una multinacional que en ese mismo instante no podía recordar de qué era. Pero era uno de los mayores socios de la compañía, lo que lo dejaba en un puesto muy alto en la toma de decisiones. Aunque nunca más alto que el de Liam.
Habíamos mantenido la conversación fuera de nuestra unión mientras la comida llegaba, pero el hombre se había mantenido en silencio hasta ahora.