Liana Clinton
Eran las nueve de la mañana cuando lo vi llegar. Llevaba un traje como de costumbre y su cabello estaba levemente despeinado como si hubiera jalado las hebras antes de salir del auto.
Llevaba esa suave colonia masculina que me hacía suspirar alrededor, pero mantuve mi obsesión por los olores masculinos a raya y me acerqué a él mientras él miraba su alrededor.
Había llegado muy temprano al hospital porque era el día en el que operaban a mi madre para extirparle el riñón irremediabl