—No me importa tu opinión.
—Pues debería —contestó Rocky con una mueca de enfado—. Tenemos que hablar, Harper.
—Después —replicó ella, cada vez más agobiada.
Estaban montando un escándalo. La gente los miraba con curiosidad.
—Ahora —ordenó Rocky.
Ella lo miró estupefacta.
—Por favor —se quejó—, esto es un abuso, incluso para una familia de daneses obsesivos con el control.
Brake se puso en jarras.
La niña se había aburrido de la conversación de adultos y se había escapado a jugar con su vestid