—Asegúrate de que Black se acuerda de ello —masculló Chris, y comenzó a dar pasos sin esperarla.
—¿Y el café?
Él no se molestó en voltearse a verla.
—Otro día será, Harper.
(...)
—Vale, mira—comenzó Padme—, he lidiado con muchos clientes que tienen gustos horribles para decorar o incluso para elegir un cuadro. Pero lo peor es que nunca lo reconocen. Me contratan, y se pasan horas criticando las ideas que les propongo. Éste es el primer cliente que no tiene problema en aceptar que su gusto es pé