—No puedo abordar un avión—Ella murmuró—. No podemos—Hablar se volvió cada vez más difícil—. No tengo ningún documento de respaldo conmigo. Ni de Hannah ni mío.
—Señorita Meyers, este es un avión privado—La suya, la del hombre, era una mirada comprensiva y amable—. No necesitará un boleto y ni siquiera tendrá que pasar por ningún control de seguridad, por lo que ni siquiera necesitará identificarse. Vamos, vamos a…— tropezó al notar la hinchazón en la mejilla de la niña dormida y las heridas sa