“Oh, mi error, no vi ningún anillo”, él declara. Asiento con la cabeza y levanto su mano, miro el anillo de diamantes en su dedo y lo miro a él.
“Difícil no verlo, amigo”, siseo, poniendo un poco de énfasis en ‘amigo’ “Vete”, gruño, y veo como él levanta las manos y se aleja. En cuanto se va, le doy la vuelta a Shayla y la miro. Sus habituales ojos verdes claros se oscurecen en el momento en que nuestras miradas se cruzan.
Ella estaba molesta.
Así que aquí estoy, a la una de la madrugada, per