“Las chicas podrían entrar y…”.
Cole sonríe, y su mirada se dirige a mis labios. “Que entren”, él murmura, con su voz profunda y suave. “Responde a mi pregunta, sí o no”.
Di que no, ¡di que no!
Maldigo a la estúpida y testaruda chica que llevo dentro y que se rehúsa a darle la satisfacción de tener razón. “Sí”, digo antes de que pueda detenerme. A la mierda.
Cole sonríe perezosamente y se lame los labios, con los ojos puestos en los míos. “Esa es mi chica”, él dice, moviéndose para estar dir